viernes, 27 de diciembre de 2013

La mujer volcán.

Yo la vi besando las cervezas.
Ella era de ese tipo de mujeres con las que solo puedes soñar. Era ese tipo de especie en extinción que iba meneando su culo por los bares de copas con su pelo rubio oxigenado sin peinar. Sin haberla visto, notabas su presencia; aunque estuviese al otro extremo del bar. Era una de esas mujeres de las que ya no quedan que fumaba cigarrillos de liar y se dejaba sus labios marcados con carmín en todas las servilletas.
Yo la vi besando las cervezas, enamorándolas en cada trago que le daba a la botella. Era una mujer volcán, con tacones muy altos y demasiado carácter, alguien indomable que cree tener siempre la razón y que el único amor que conocen es el que conlleva dolor.
Yo me enamoré de ella, me enamoré de cada centímetro de sus tacones y de cada tono diferente de pintalabios. Yo, que siempre había estado acostumbrado a chicas monas (y no tan monas) con sus lazos de niñas buenas y su modestia.
De repente me vi encarando a la pantera, nariz con nariz, y estaba claro que iba a perder la batalla.
Ella se dejaba querer, y yo la quería. Yo lamia sus heridas y ella echaba sal en las mías. 
Y yo me enamoraba... me enamoraba....
Yo la vi besando las cervezas.
Y  a mi me abandonó como a ellas. 

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